Diario 1 de mi parto: experiencia de una primeriza

El parto es uno de los momentos de los que más se habla y casi siempre te lo pintan bastante crudo (incluso cuando te ven con un buen bombo). Antes de estar embarazada, tenía un miedo horrible a este momento, pero lo cierto es que desde que vi el positivo en el test de embarazo hasta el mismo día que me puse de parto, fue una de las cosas en las que menos pensé. No quería que ese momento condicionase todo mi embarazo y, por contra, aproveché esos meses para concienciarme de que aunque sería un momento duro, también sería inolvidable porque conocería al amor de mi vida. Y esa actitud me ayudó mucho y tuve la gran suerte de tener un parto bastante bueno (salvo por un susto). Porque los partos no siempre son horribles. Hoy os traigo mi post más personal hasta el momento y os cuento cómo fue mi parto y cómo lo viví. Espero que os guste.

Afrontar el parto con calma

Recuerdo el embarazo como una de las mejores épocas de mi vida. Todo tiene su explicación. Fue muy bueno y salvo las molestias típicas y una ciática a última hora, todo fue viento en popa. Obviamente, sí que tenía miedo a que algo no fuese bien o a que me tuviesen que hacer cesárea. De hecho, me la llegaron a programar porque el peque estuvo de nalgas hasta tres semanas antes de nacer (esto da para otro post). Finalmente se dio la vuelta el solito y tuve que cancelar la temida cesárea. Ya empezó a ponérmelo fácil desde la barriguita :)

Tres días antes de dar a luz.
Tres días antes de dar a luz.

¿Qué hice para afrontar mi parto con calma?

  • Clases de preparación al parto. Me ayudaron muchísimo. Compartir opiniones con otras embarazas y recibir asesoramiento de profesionales sanitarios ayuda y tranquiliza mucho. No sólo para poder afrontar el momento del parto, sino también todo lo que viene después.
  • Visitar el hospital en el que iba a dar a luz. Visité hasta tres y, aunque parezca algo superficial, conocer las instalaciones, al personal que asiste los partos y los protocolos que se siguen en cada centro da mucha confianza.
  • Asumir que iba a doler y que podía ser muy largo (obviamente hasta que no lo pasas no sabes lo que es), pero siempre sin perder de vista el desenlace… ¡iba a conocer a mi bebé!
  • Vivirlo como un momento íntimo, un momento de mi marido y mío. Avisamos a la familia cuando ya llevaba horas ingresada y vimos que la cosa progresaba adeucadamente. No queríamos preocupar y tampoco que vieniesen antes de que naciese, porque no ibamos a poder estar con ellos y nos iba a agobiar más saber que estaban horas en una sala de espera.

(Esto es lo que me ayudó a mí, pero cada persona es un mundo :))

¿Cómo me puse de parto?

Como ya os he dicho, el peque estuvo de nalgas casi hasta el final, pero cuando se dio la vuelta se encajó tanto que la ginecóloga ya me advirtió que no creía que llegase a la semana 40. ¡Bingo! Recién cumplida la 39, un miércoles, empecé a expulsar el tapón mucoso. Algunas amigas habían tardado 10 días en ponerse de parto después de esto o incluso que se lo tuvieron que provocar. Así que no le di más importancia y seguí con mi vida normal. Ese día me di un buen paseo y por la noche nos fuimos incluso al cine. Eso sí, me costó horrores aguantar toda la película y estuve a punto de salirme. Además, me notaba rara, con muchos cambios de humor, muy cansada y la barriga pesaba demasiado (y eso que no tenía mucha).

Al llegar a casa empecé con contracciones. Eran bastante irregulares, pero ya no me dejaron dormir. Conseguí conciliar el sueño durante una hora y pasé el resto de la noche en el sofá controlando las contracciones con una aplicación. A la mañana siguiente, seguía expulsando tapón mucoso y las contracciones se fueron haciendo algo más regulares, pero no se repetían cada cinco minutos durante dos horas, que es cuando te dicen que tienes que ir al hospital. Así que, de nuevo, vida normal. Ese día me di una caminata bien larga, unas tres horas, e incluso fui a ver a mi abuela.

Parto
Pillada infraganti escribiendo el post y controlando las contracciones con el móvil.

Recuerdo que comí lentejas y boquerones (¡en qué hora! Me estuvieron repitiendo toda la noche) y ya a partir de las 16 h, las contracciones se fueron haciendo más regulares e intensas. Estuve un buen rato en la pelota de pilates, leí un poco e, incluso, estuve escribiendo un post (en concreto éste, que no pude terminar hasta un mes después de ser mamá). La fiesta se animaba y las contracciones daban poca tregua. Se me antojó para cenar berenjenas a la parmigana y me puse manos a la obra. Aunque lo cierto es que el cuerpo ya se me empezó a revolver un poco, cené, porque no sabía lo que me podía deparar la noche y había que tener fuerzas. :)

Las temidas contracciones de parto

Esto nos lo hemos preguntado todas en alguna ocasión y es una duda recurrentente de las futuras mamis, ¿cómo son las contracciones? ¿Qué sientes? Es como un dolor de regla muy fuerte. Si tus menstruaciones son dolorosas, sobrellevarás mejor las contracciones de parto. O al menos para mí fue así. Siempre he tenido reglas muy dolorosas y la sensación era muy parecida, salvando las distancias.

Según fue avanzando la noche, cada vez tenía contracciones más seguidas, intensas y largas (algunas incluso llegaron a durarme dos minutos). Cuando venía una, pedía a mi marido que parase la serie que estábamos viendo (Peaky blinders), me levantaba y movía las caderas de un lado a otro y hacía respiraciones largas. Eso me aliviaba mucho. Otras veces le estrujaba la mano a más no poder. Él iba controlando la duración con la aplicación del móvil y cuando me reponía, le pedía que pusiese de nuevo la serie. Me ayudaba estar entretenida y no tan pendiente del dolor que iba y venía. Cuando echo la vista atrás me sorprendo al verme tan tranquila y serena.

Tanto fue así, que me vine arriba y a las 2 de la madrugada nos fuimos a la cama, pese a que mi marido no paraba de repetirme que nos fuésemso ya al hospital. Yo tenía claro que quería aguantar en casa lo máximo posible. Así que me acosté con la intención de descansar un poco, pero no aguanté ni cinco minutos. Al estar tumbada las contracciones me dolían muchísmo más. Así que me pasé el resto de la noche lidiando con las contracciones hasta que se hicieron regulares y me venían cada cinco e incluso cada tres.

El momento del parto se acerca… ¡al hospital!

A las 5 de la mañana, me vestí, llevé las bolsas del hospital a la puerta y desperté a mi marido (casi infarta cuando le dije que ya me venían cada tres minutos). Mientras se vestía hice la cama y me fui de casa pensando en que lo mismo nos mandaban de vuelta (no sabía si estaba de parto). Recuerdo llegar a la puerta del hospital y preguntarle a mi marido, «¿qué digo? ¿Qué creo que estoy de parto?» ja ja ja.

En cuanto llegamos me tomaron la tensión en urgencias y vinieron a por nosotros para subir a la planta de maternidad. En todo momento fui por mi propio pie. En la primera valoración que me hizo la matrona vio que ya estaba dilatada de 4 cm y que la cabecita del peque estaba perfectamente encajada, así que me quedé ingresada (eran las 6 de la mañan aproximadamente). Lo primero que hicieron fue ponerme un enema, me di una ducha y me colocaron unos monitores para tener todo controlado. La matrona me hizo una segunda exploración y decidió romperme la bolsa. Parecía que la cosa iba muy bien, así que sólo me faltaba mi ansiada epidural.

Continuará…

 

¡Hasta MAraMA!

 

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