Diario 2 de mi parto: experiencia de una primeriza

En la primera parte del diario de mi parto, os contaba cómo lo afronté y qué es lo que me ayudó a estar más tranquila, además de hablar de las temidas contacciones. En esta segunda entrega os traigo el feliz desenlace y lo importante que es el apoyo de la pareja. :)  ¡Dentro post!

Parto con o sin epidural

Yo sabía que me la quería poner y para mí fue una decisión más que acertada. Me permitió relajarme y descansar un poco antes del momento de los pujos y el expulsivo. Llevaba casi dos días sin dormir y con contracciones, así que necesitaba coger fuerzas. Lo peor fue que la primera vez que me la pusieron no me hizo efecto porque trajeron una dosis para una persona de menos estatura que yo. Cuando pasó casi una hora y noté que no me hacía efecto llamamos a la matrona y me volvió a explorar. Ya estaba dilatada de 6 cm y decidieron volver a pincharme la epidural. Tuve que esperar otro rato que se me hizo un eterno, porque las contracciones ya eran muy muy fuertes y no me dejaban moverme de la cama.

Me la pusieron otra vez y en ese momento dejé de sentir dolor. Hice fotos, escribí algunos mensajes e incluso me eché una cabezadita. Es cierto que la dosis que me pusieron finalmente creo que fue un poco alta, porque no sentía nada de dolor, ni molestia ni cuando me venía una contracción (lo sabía por los monitores que tenía puestos), pero en mi caso y por suerte no dificultó en ningún momento el parto.

Pujos

A las 12 de la mañana ya estaba dilatada completamente y me colocaron la cama para que empezase a empujar. La matrona nos comentó que calculaba que como mucho en dos horas y media el niño ya estaría con nosotros. Nos dejó solos. Y este momento fue subrealista. Yo tratando de empujar, sin acordarme de cómo se hacía (me lo explicaron en una de las clases de preparación al parto, pero se borró de mi mente) y sin sentir ni una contracción.

¡Qué importante es el apoyo de la pareja en estos momentos!
¡Qué importante es el apoyo de la pareja en estos momentos!

Y aquí empezó el momento más amargo que tengo del parto. Cuando empezamos a ver en el monitor que cada vez que trataba de empujar, las pulsaciones del niño bajaban muchísimo (de 140 a 60 o menos). Llamamos a la matrona porque nos asustamos. Nos tranquilizó, pero nos comentó que el niño tenía que nacer ya (venía con vuelta de cordón) y en ese momento el paritorio se llenó de gente. La ginecóloga, la matrona, cuatro enfermeras, la pediatra… fue el único momento en el que sentí muchísimo miedo y ganas de llorar. Recuerdo que mi marido y yo nos miramos muy preocupados. Pero entonces me dije, “Elena, tienes que ser fuerte, que tu bebé te necesita”.

Y lo di todo. Venían con forceps por si la cosa no iba bien. Pedí por favor que no los usasen salvo en caso de fuerza mayor. Les pedí también que por favor me avisasen cada vez que vienese una contracción para poder empujar bien. Enseguida me recordaron cómo hacerlo (muy importante aguantar la respiración y soltar el aire una vez que se termine el pujo). Y resultó que empujaba muy bien, aunque como el niño estaba sufriendo, la ginecóloga y alguna enfermera presionaban en la tripa para ayudar al peque a bajar. Casi me desmayo porque hiperventilé, pero estuve rápida y lo avisé. Me pusieron un poco de oxígeno y todo resuelto. Consejo, no os calléis nada porque os dé vergüenza. Las matronas y las enfermeras están allí para ayudaros en ese momento tan importante. En cuanto salió la cabecita, cortaron el cordón y en dos empujones más, a las 14:11 h, ya teníamos a nuestro niño con nosotros.

El final más feliz de todos

El culito fue lo primero que le vimos. A mí sólo me salía decir llorando “mi niño”. Se le llevaron a la cunita de reanimación que estaba justo al lado y en cuanto comprobaron que estaba bien y rompió a llorar (y nosotros con él) nos lo trajeron. Y ese día se convirtió en el mejor de nuestra vida y él en lo mejor que hemos hecho nunca.

Después de dos horas de piel con piel y de intentar establecer la lactancia materna (sin éxito), me llevaron a la habitación. Mi madre fue la primera en entrar y jamás olvidaré ese instante en el que las dos nos echamos a llorar mirando al chiquitín.

Salvo por ese susto (que durante el postparto me venía una y otra vez a la cabeza), creo que tuve suerte con mi parto. El dolor desaparece, las heridas se curan y los sustos se pasan cuando le ves, le hueles y le sientes. Entonces sabes que todo ha merecido la pena. Y por supuesto, el apoyo de la pareja es fundamental. Desde luego en mi caso, tener a mi marido a mi lado, me dio mucha fuerza y tranquilidad. Hicimos más equipo que nunca y fue el momento más intenso y emotivo que hemos vivido juntos.

Espero que este post ayude a las futuras mamis y para las que ya lo sois, me encantaría que me contáseis cómo fue vuestro parto.

Nos leemos pronto.

¡Hasta MAraMA!

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