El aborto: mi experiencia

Hablar del aborto no es fácil. Considero que a día de hoy sigue siendo un tema tabú. Cuando te toca vivirlo, te invaden mil sentimientos y sensaciones que no siempre son fáciles de digerir. Y sobre todo, hay una pregunta que no deja de venirte a la cabeza: ‘¿por qué a nosotros?’. Hoy os traigo el post más duro que he escrito hasta el momento, pero espero que pueda ayudar a muchas familias que estén atravesando esta situación o ya la hayan vivido. Dentro post.

Mi primer aborto

Mi primer aborto llegó con mi segundo embarazo. El primero nos había costado mucho conseguirlo, así que esta segunda vez decidimos no demorar mucho la búsqueda. Cuando el peque apenas tenía 18 meses nos pusimos a intentarlo y ¡sorpresa!: nos quedamos a la primera. Imaginaros el shock, pero también la ilusión. Después de saber lo que es pasar por muchos meses de búsqueda sin resultados, para nosotros fue una noticia maravillosa.

Nos dipusimos a disfrutar de este embarazo, como ya hicimos con el primero. En la semana 5 me hice una ecografía en el privado y la verdad es que no salí muy contenta. Todavía no se veía latido, pero el ginecólogo me comentó que podía ser normal porque era muy pronto. Yo no podía parar de pensar en que con mi primer hijo, de las mismas semanas, ya vimos latir su corazoncito. Intenté no darle mucha importancia y seguir haciendo vida normal.

Aborto
Esta fue la ecografía que me hice en la semana 5 y en la que aún no se veía latido.

No se me olvidará aquel martes de julio. Cuando llegué del trabajo, fui al baño y me encontré con aquella mancha de sangre. Quise pensar que podía ser algo normal, pero aún así, me fui al hospital. Mis peores sospechas se confirmaron. El embrión de 6 semanas seguía sin latido y su tamaño no era acorde con el tiempo de gestación. No quedaba otra que esperar. Entiendo que son los protocolos, pero qué dura se hace esa espera. Esa incertidumbre. Esas esperanzas de que quizá estés de un poco menos y pueda ser normal. Por la noche, empecé a sangrar muchísimo más. De nuevo a urgencias. Una nueva ecografía… y ya no había nada, el embrión no estaba dentro de mí. Solo unas horas de diferencia. Os prometo que fue muy impactante.

Como se había producido de forma espontánea, no me pusieron ningún tipo de medicación. Me citaron una semana más tarde para comprobar que todo estaba limpio. Aquella madrugada, cuando llegamos a casa, recuerdo como maridín y yo nos abrazamos muy fuerte y lloramos desconsolados. Reconozco que me tiré los siguientes días metida en la cama, leyendo muchas cosas por internet, pero sobre todo viviendo mi pena.

Respirar cada sentimiento que te produzca el aborto

Sí, al principio me invadió una tristeza y un desconsuelo enorme. No podía parar de llorar, de preguntarme por qué. Muchas personas me decían que tenía que seguir adelante, sacar fuerzas por mi hijo. Os prometo que en esos momentos ni eso me daba fuerzas. Yo quería vivir mi duelo y entre los dolores y el malestar físico, quería vivir aquella pena que me invadía. No me apetecía estar ni hablar con nadie. Me encerré en mí misma y vi como esa pena se convirtió en rabia y en frustración, porque mi sueño de ser madre de nuevo volvía a alejarse. Comprobé, una vez más, que el camino a la maternidad a veces puede ser muy doloroso.

Las publicaciones de esos días de @Palomagarciabis me ayudaron muchísimo. Hacía pantallazo de todo aquello con lo que me sentía identificada
Las publicaciones de esos días de @Palomagarciabis me ayudaron muchísimo. Hacía pantallazo de todo aquello con lo que me sentía identificada.

Obviamente, el tiempo y los días, fueron curando poco a poco algunas heridas. Una semana después, me confirmaron que todo estaba limpio y que el aborto se había completado. “Mejor ahora al principio”, “el aborto en las primeras semanas es muy común” (aunque en esos momentos las estadísticas te importen tres pepinos), “ha sido mala suerte”… son solo algunas de las frases que escuché de los médicos. Me aferré a ellas y puse todas mis energías en que los tres meses siguientes pasasen rápido para volver a intentarlo.

Y entonces llegó el segundo aborto

El verano, las vacaciones y el día a día hicieron que pronto hubiese pasado el tiempo que había que esperar y pudiésemos volver a intentarlo. De nuevo, nos quedamos a la primera. No nos lo podíamos creer. Esta vez lo tomamos con muchísima prudencia. Solo queríamos que pasasen las semanas, llegar a la 12 y comprobar que todo iba bien. Pero en esta ocasión tampoco fue posible. En la semana 8, también al volver del trabajo, me encontré con otra mancha amarronada. Me invadió un miedo enorme que se hizo más grande cuando en urgencias me dijeron que lo que se veía en la ecografía era un gran hematoma, pero ni rastro de saco o embrión.

Se me cayó el mundo encima. Otra vez a esperar a ver cómo iba evolucionando en los siguientes días. Esa espera que es como una tortura. A los dos días volví a urgencias. Manchaba más y tenía bastantes dolores. No siempre encuentras empatía en estos momentos. Como en todo, depende con la persona con la que des. A regañadientes me preguntaron que por qué volvía tan pronto, que había que esperar. Hicieron otra eco y ¡sorpresa! ni rastro del hematoma y sí que había saco y embrión. Eso sí, no tenía latido, pero podía ser porque estuviese de menos. Las lágrimas me salían solas y por unos días recobré la esperanza. Solo quedaba esperar y hacer reposo. Recuerdo aquellos días metida en cama, deseando que saliese adelante y que todo quedase en un susto.

Los días pasaban y yo seguía manchando un poco y con molestias, hasta que finalmente el aborto se desencadenó. Empecé a sangrar muchísimo (nos asustamos bastante porque llenaba compresas en cuestión de 15 minutos) y los dolores se hicieron muy intensos. De nuevo a urgencias y otra vez el diagnóstico que no quería escuchar: “lo has perdido”.

Unos días después de que todo terminase. Seguía muy triste
Unos días después de que todo terminase. Seguía muy triste.

De vuelta a la desesperanza

Así fue como volvimos a vivir la pena, el desconsuelo, la desesperanza, la frustración, la rabia, el miedo… En esta ocasión fue más doloroso físicamente, pero también emocionalmente. Y el peor momento fue cuando me confirmaron que todo estaba limpio y el aborto estaba completado. Fue como asumir definitivamente que había vuelto a tener un aborto, que toda nuestra ilusión por ampliar la famila se esfumaba nuevamente.

No paraba de preguntarme qué pasaba. Había tenido un hijo, ¿por qué ahora no podía tener más? No paraba de pensar en las fechas probables de parto (que nunca olvidaré), en esa barriguita que nunca luciría o en esos bebés (nuestros bebés) que nunca conoceríamos. Pero sobre todo, ya no creía en mi mala suerte. Estaba convencida de que había algún problema, porque ambos abortos habían sido muy similares y en los dos nunca había habido latido.

En otro post os contaré cómo dieron con mi problema (que lo había). Solo quiero decirte, si me estás leyendo y estás rota de dolor porque has sufrido un aborto, que te permitas cada sentimiento y que no te sientas obligada a sobreponerte rápido. Me ha costado más de un año poder hablar de este tema y normalizarlo. He llorado mucho de rabia, de dolor, de impotencia, de tristeza…incluso muchos meses después de haber pasado por los abortos. Y, de manera inevitable, el miedo ha estado y está presente en mi embarazo actual.

Porque cuando el deseo de ser madre es tan grande, cuando albergas vida en tu interior y de repente se apaga, es un golpe muy duro del que cuesta sobreponerse (y eso que a mí me ocurrió en las primeras semanas y de forma espontánea). Lo que más me ayudó fue llorar, permitirme sentir cada emoción y apoyarme en mi pareja. Para mí fue la única persona con la que pude verbalizar y expresar sin miedo exactamente cómo me sentía. Y fue así porque él también vivió todas esas emociones en su propia piel. Por supuesto, nuestro chiquitín nos dio muchas fuerzas.  Además, en el primer aborto, escribí una pequeña carta al que hubiese sido nuestro bebé y la guardé en una caja junto al test de embarazo y la primera ecografía. Fue una manera de intentar expresar y cerrar nuestro duelo.

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Nuestro chiquitín nos dio fuerzas y nos hizo sonreír, aún cuando no teníamos ganas.

Obviamente, cuanto más avanzado es el estado de gestación, más dura la experiencia. Afortunada no es la palabra, pero sí que es cierto, que tener ambos abortos en las primeras semanas y de forma espontánea, hizo más llevadero el palo.

En cualquier caso, si estás pasando o has pasado por un aborto, te abrazo muy fuerte.

Gracias por haber leído este post tan duro y tan personal.

 

Nos leemos pronto…

Hasta MAraMA

6 comentarios Añade el tuyo
  1. No sabía por todo lo que habías pasado. Te mando un abrazote y un beso enorme y, aunque ya tenlo he dado Chi, te deseo toda lo mejor en esta recta final y que tú nuevo pequeñ@ crezca sano y fuerte, que ya es un campeón/a ;-)

  2. Elena, seguro que escribir tú experiencia te ha ayudado a avanzar. A mi me ayudó en su momento y aunque nunca se olvida,cada día es un poco menos doloroso. Sabes que aunque nuestras experiencias no son iguales porque cada embarazo es un mundo y mis pérdidas fueron más tardías, pero una pérdida es una pérdida y me tienes aquí si necesitas hablar. Te mando un abrazo muy fuerte amiga virtual🤗🧡

    1. La verdad es que sí, ha sido como cerrar un capítulo. Y por supuesto, como decía en el post, cuanto más avanzado el embarazo, mucho más duro. Tengo casos cercanos y menudo palo más horrible😔😔 Muchas gracias por tu apoyo, sabes que es mutuo. Recibo ese abrazo virtual y te mando otro enorme. Ojalá algún día nos lo podamos dar en persona. Muchos besos😘😘💚🧡

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